Se dice de Es Vedrá que algo único en el mundo, un islote de piedra maciza que se vislumbra desde la costa oeste ibicenca. Un encuentro místico entre la tierra y el mar. Y sus atardeceres, una de las grandes maravillas que llegan a trasmitir emociones incluso en fotografía. Pero también hay una historia, que se remonta años atrás.  Se dice que el hombre que más tiempo ha pasado en el trozo de tierra que corona un punto estratégico del Mediterráneo fue el beato Francisco Palau y Quer quien hizo un retiro espiritual de más de 10 años en el que sólo volvía a tierra para acudir a la ermita en una barca de unos amigos pescadores. Decía que era su conexión con Dios.

Tiene 3,8 km de perímetro y una altura que llega a impresionar vista desde el nivel del mar de 283 metros. A día de hoy es reserva natural y patrimonio cultural. Su leyenda no es como otra cualquiera. Es sin duda, más actual. Es Vedrá se asocia desde una serie de sucesos a fenómenos paranormales relacionados con presencias alienígenas. En una de las publicaciones de viajes con más renombre, Rossemarie Morinelli contaba como cuando navegaba entre los dos islotes “todas las agujas del control de mandos se movían de un lado a otro sin control”.

Se considera un punto de energía en el mundo. Algunos creen que viene de su separación con tierra firme. Curiosamente forma un triangulo con el Peñón de Ifach, en Alicante, y la costa suroeste de Mallorca. Le llaman el Triangulo del Silencio. Y se asocia con el caso Manises, uno de los grandes ‘incidentes de avistamiento ovni’ de la historia.

El 11 de noviembre de 1979, dato curioso que fuese a las 11 horas de la mañana, el día 11 del mes 11, un avión Supercaravelle de la compañía ya extinta TAEse dirigía desde Palma de Mallorca a Canarias con 109 pasajeros. Un imprevisto les hizo realizar un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Valencia “a causa de un ovni”, aseguraba la tripulación. El piloto aseguraba que le persiguieron “varios puntos de luz roja, que subían y bajaban de una forma no convencional”.

Todos los periódicos nacionales, y gran parte de internacionales, se hicieron eco de la noticia.“A las 23,08 (hora local) inicié una subida, según el plan de vuelo, de 23.000 a 33.000 pies de altitud. En pleno ascenso vi dos luces rojas, situadas en paralelo, de una intensidad tan enorme que ocultaban a la vista el aparato, o lo que fuese, en el que debían ir instaladas y que seguían una trayectoria de colisión con nosotros. Se desplazabana una velocidad endiablada, desconocida en cualquier avión convencional y se detuvieron instantáneamente a muy poca distancia del Caravelle”. Era el comandante Francisco Javier Lerdo de Tejada, con más de 15 años de experiencia y más de 8.000 horas de vuelo.

Varias personas desde tierra también dieron constancia de los hechos, al igual que la torre de control, y el avión aterrizó “aún con riesgo de colision”.  El altercado comenzó justo encima del peñón de Es Vedrá. Un años antes en el mismo lugar un barco butanero afirmaba haber visto una “lluvia de ovnis”.

“Sobre las nueve de la noche del pasado martes, cuando estábamos a unas quince millas de Formentera, aparecieron ante nosotros unas luces como de bengala que no permanecían estáticas. Unas luces de un color amarillento a menos de ocho millas de nosotros”, decía José Luis González, capitán del buque Tamames, que afirmaba que más de cincuenta ovnis les habían cercado durante seis horas. Estos "ovnis" eran paraidistas con linternas que intervenían en la grabación de un programa para Radio Nacional de España, informaba al día siguiente ABC. Pero… ¿qué pasó con el avión? ¿Qué tiene ese punto perdido y místico del Mediterráneo que es Es Vedrá?