Hay dos tipos de músicos. Los que conquistan el mundo y los que exploran el universo en busca de nuevos planetas que colonizar. Bajo esta fumada de metáfora se encuentra la diferencia entre tipos que solo quieren ver sus cartera rebosar y tipos que quieren ser parte de la historia. Pero parte de la historia personal de todos y cada uno de esos seres que durante un momento de su vida levantaron los brazos y se dejaron llevar, tatuando en la retina ese segundo que ya no se olvidará jamás. Así es como los grandes artistas son lo que son. Porque hasta el padre más casposo de la Tierra ha ido alguna vez a un concierto y se lo ha pasado bien, para luego repetírselo diez millones de veces a la pobre de su hija.

Paul van Dyk volvió de su viaje interestelar allá por 2006. Efectivamente, descubrió que había vida en otros planetas. tuvo el tiempo necesario para colonizarlos musicalmente y dejar una bandera con las siglas PvD escritas negro sobre blanco.

¿Y por qué un tipo, o más bien cómo, se gana el respeto a todos los niveles? Cuando pasa de ser considerado aborregador de masas a tipo de culto. Los mismos que se la sarracenan con el héctuple LP de Prince Of Denmark no tienen huevos a decir una palabra más alta que otra sobre el alemán. Aunque no es una cuestión de falsa o malentendida gallardía. Es una cuestión de que hay tipos que transcienden las barreras intergéneros y esa supuesta superioridad moral para defecar en la boca de esos que se creen mejor desde su cuenta de Twitter con 247 seguidores.

Ronald van Gelderen, Gaelan y Eric Lumiere completan el póker que ha firmado este bucólico Everyone Needs Love. Un tema que más allá de un título facilón se encuentra la esencia misma de Paul van Dyk y de la escuela VANDIT. Esa de sonido galácticos y esencia post espiritual. Riffs que te vaticinan un futuro mejor y un presente de lujuria elegante. Momentos de epifanía...