El faquin future bass es el futuro. De las reminiscencias del progressive, de las edificaciones del Trance más blando y de la escuela del brostep californiano llega una especie de subgénero llamado future bass. Y parafraseando a Quevedo, se trata de un género a un hombre pegado. O a una máscara más bien.

El siempre taciturno en sus videoclips Marshmello es el tipo que le ha dado forma a este estilo de sinte voladizo y bombo ochenteros. Un vuelta a las raíces (back to basics que dirían los pseudo escribidores modernos a los que papá les está pagando la carrera como crítico musical) pero con un público muy definido: Música con espíritu de festival pero que se puede escuchar mientras la pija de turno estudia en la habitación de su colegio mayor para sacarse la asignatura de derecho administrativo soñando con ese verano festivalero.

Después de compilar millones de reproducciones durante estos meses, el tipo con la cabeza de algodón de azúcar ha sacado un videoclip que es pura melosidad. Como siempre, bajo ese halo de pseudo felicidad del pobre que se acostumbre a vivir con muy poco, se esconde un alma similar a la de Skrillex y otros djs que han sufrido bullying durante su infancia y adolescencia. Todos los clips de Marshmello le representan como un auténtico perdedor a la americana. Siempre hay gordos riéndose de él, pivones pasando de su enamoradizo corazón. Un tipo que se ha reconstruido a través de la músico y cuya alma ha encontrado la redención en sí mismo. Eso en un país donde este tipo de chavales acaban montando un Columbine. EL sueño americano tras una máscara.