Cada década tiene sus cosas buenas, menos los 70. También sus cosas malas, pero bueno, casi siempre está ligado a la droga y a las enfermedades venéreas. Pero los 90 fueron especialmente la hostia.

El inicio de la globalización nos empezó a traer cosas con las que no podíamos ni soñar años atrás. Cuando el máximo anhelo de un español medio era un apartamento en Torrevieja y ponerse como un orangután en las fiestas del pueblo, de repente, un marasmo de sonidos y de estéticas nos rompieron el pecho.

Desde esos grunchos de principios de década de la mano de Nirvana al horterismo estrictamente calculado de Vengaboys de finales de década. La moda era una locura, cada año éramos más horteras. Nacieron las tribus urbanas importadas de Estados Unidos. De repente había raperos en nuestros barrios que tenían conflictos identitarios con bakalas, los inmortales jevorros que llegaron una década antes... Todo el cutrerío de la falsa movida madrileña se volatilizó junto con las modas de pseudomoderno como los mods con sus Vespas de mierda.

Los 90 fueron el resumen de un milenio de existencia humana. Ese mundial del 94 en Estados Unidos con tipos estéticas tan indómitas como Alexi Lalas. Luego llegó el del 98 con todo lo que se podía pedir. Blur, Oasis y The Verve le devolvieron el brillo mainstream al rollo indie británico... 

Joder, es que hablar de los 90 es ahogarse en un océano de infinitud vital. Los videoclip to pepo nos dejaban con las piernas temblando. El cine nos acabó dejando Matrix que acabó fabricando la primera generación de jóvenes no alienados... La Nintendo 64, la PlayStation...

Pero seamos serios. Los 90 nunca volverán. Ahora vivimos en unos segundos años 50. Crisis estructural de posguerra sin guerra anclada en nuestra sociedad. Miedo a hecatombes que se escapan a tu control y que te hacen vivir atemorizados aunque vivas en El Carpio de Tajo.

Un breve viaje en el tiempo

Dicen muchos pseudo críticos musicales que el dance de los noventa es el inmediato antecesor de lo que los paletos llaman EDM. Y lo dicen como si fuera algo malo. Como si su concatenación infinita de bombos y cajas fuera la puta solución a los problemas del mundo. Es hora de empezar a derribar atalayas pobladas de cosmopaletos flashy que han venido de su aldea con una idea del bien y del mal que dejaría patidifuso a un niño de primaria, pero que adolece de un vacío de contenido doloso.

Ese dance de los 90 es la personificación de una alegría que fue, en definitiva, el leitmotiv de aquella década. Amar los 90 es amar la pluralidad, lo nuevo, lo que no tiene corsés ni entiende de conceptos pre establecidos. Los 90 fueron el desparrame madre. Una bacanal que a su ve era una oda al todo y a la nada. Eso y nada más eran los 90.

Love the 90s en Barcelona

Para celebrar esa infinitud Love the 90's llega a Barcelona para celebrar la magia musical de esa década dorada chapada en platino del bueno.

¡Guau! Es que el cartel es para volverse loco. Vengaboys (esto ya lo justificaría todo por sí solo), Gala, Snap!, OBK (si España también dio sus propias joyas), Rebeca, Wighfield, Corona... Un cartelazo mortal que aterrizará en Barcelona el próximo día 7 de julio. Pura crema noventera de la buena. 

 

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