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En Montjuïc, en el contexto histórico de la dictadura de Primo de Rivera y en el marco de la Exposición Internacional de 1929, se decidió la construir un Pueblo Español (Poble Espanyol), que se convirtió en una síntesis de la arquitectura y del trabajo artesanal de España. Tenía que ser derribado al finalizar el acontecimiento, pero finalmente se decidió conservarlo, dado el impacto que tuvo y de las múltiples voces que se alzaron en contra de su destrucción.

El Poble no sólo no fue derribado cuando finalizó la Exposición, sino que ha sobrepasado los cincuenta años de vida que algunos observadores de la época le pronosticaron. Actualmente, el recinto -considerado museo arquitectónico- es escenario de actos muy diversos, ofreciéndose como un espacio para la vida barcelonesa, además de mantener su vocación inicial de mostrar a través de una visita a un pueblo, la diversidad de la arquitectura española.

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